Capítulo 8: Mangueo.
He vuelto a la casa temprano. Los días están feos para trabajar en la calle, la lluvia aparece a cada instante y se prolonga por horas. Todos están pegados al televisor sin mucha esperanza que escampe. El día gris mantiene a todos pusilánimes viendo las horas pasar. La novedad ha sido que David, el parcero, se ha intoxicado de tanto beber aguardiente. Todo el día acostado en su colchón con un balde a su lado y quejidos constantes. Le han ayudado con algunas infusiones y se niega a tomar pastillas. Se resiste también de ir a un hospital. --No voy a ir. Prefiero sufrir aquí a que me inyecten allá. Se lo deja solo en su penuria. De cuando en cuando alguien sube a socorrerlo. --Che, a la noche no llegás—bromea alguien al verlo. De repente alguien grita en la sala “hace hambre” y “el negro” de un salto se pone de pie y saca una bolsa de mercado de la cocina. --Yo voy. Durante los días que he estado aquí, comida siempre ha habido. En el almuerzo hubo un cal...