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Capítulo 14: Llegada a Zamora.

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La carretera que une Loja con Zamora, en algunos tramos pareciese convertirse en las terrazas de las montañas. La cima se presenta tan cerca dando la sensación de que pasaremos por encima de ella. Anoche llegó a mi cabeza un verso: “Yo era para ella, en la medida que ella era para mí” y mientras cruzamos el paisaje nos brinda un sinfín de árboles de copas anchas y gran tamaño, lianas que cuelgan libremente al filo del abismo, las rocas, la quebrada y todo aquello que me invita a crear el poema que dice así: Yo era para ella En la medida que ella era para mí ¿Cuántas noches yo le tuve? ¿Cuántas noches le viví? Su indómito cuerpo Madre selva mil sabor Virgen, pura, fresca Paisajes vestidos de flor. Conquistador de sus praderas Investigador de su belleza Fui dueño de su tierra Sus ríos, sus riberas. Fuiste infinitamente mía Al eclosionar en un solo ser Tu alma dubitativa Divergió de mi querer Te amé como yo nunca Te besé mil veces bien ...

Capítulo 10: El americano.

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Caminando junto al cauce del río llegamos a aquella casona colonial que nos habían recomendado. Entramos por un pobremente iluminado pasillo hasta esa barra que hacía las veces de recepción. Un anciano gordo con el cabello totalmente blanqueado nos recibió. Su rostro tenía dibujada una expresión dolida, fría y distante. Nos saludó a secas mostrando un carácter hostil de autoridad. --Le pagamos a la noche. Su rostro no se inmuto en lo más mínimo, ninguna mueca de aprobación o negación se le formó. Debe estar acostumbrado a nosotros. Frente a él deben haber pasado tantos que no somos más que una gota en el océano de todos sus huéspedes. Frente a esta barra han de haber pasado vendedores ambulantes, mendigos de semáforos y aceras, ex convictos en proceso de rehabilitación con la salida negada del país, artesanos con o sin rastas, malabaristas, músicos, gente que va y viene dándole vueltas al mundo sin parar en la nómada vida de “rodar y rodar”. ¿Qué no habrá visto ya? Es alguien...

Capítulo 5: El primer poema de la calle

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Recostado en una baranda del parque veo los buses llegar e irse. Ya se han subido dos vendedores de dulces, un guitarrista y un rapero. Al estar allí en las gradas no encuentro las palabras adecuadas para subir. Es un miedo absurdo que tengo de encarar al chofer. Cinco “no” consecutivos. Algún error debo estar cometiendo, tal vez no me entienden a lo que me refiero cuando digo: dar una poesía. Doy mi brazo a torcer y me regreso temprano a Baños. “Aprende a sacarle el dinero de la calle.” Son las palabras de Florencia que retumban en mi cabeza. Este día no ha sido el mejor para alcanzar aquello. Estoy aún lejos de alcanzar la supervivencia, el tiempo corre y el dinero se agota. Luis A. Martinez, reconocido escritor ecuatoriano conocido por su novela: A la Costa. Nuevamente intento vencer a los buses pero el fracaso me tumba para atrás. Esta vez tengo una nueva estrategia que pienso mientras camino. Julián me ha dado un consejo que estoy dispuesto a tomar. Sacó de...