Capítulo 15: Podocarpus.
Anoche llovió, claro que llovió. Fue intensa la lluvia –en la selva parece diluvio— cuando de un momento a otro el cielo parecía caerse. Desperté un instante sintiendo la brisa fresca de la madrugada que bañaba al suelo. El tejado nos protegía precisamente. No sentí frío aunque estuviese sobre una balsa en un garaje abierto porque mi sabana, mi gruesa y pesada sábana había llegado en el momento exacto. Llegamos. El camino que conduce al parque nacional Podocarpus es de tierra. El taxi nos llevó hasta donde pudo y de allí avanzamos más de un kilómetro. David, Hilary y yo vamos con nuestros zapatos en las manos. Nuestros pies se hunden en el fango de vez en cuando lo cual nos obliga a tener mucho cuidado en no caer de boca. David trajo su diábolo, Hilary una pequeña mochila blanca y yo mi bolso cruzado, peso justo para nuestra expedición. Tenemos comida y agua, lo tenemos todo. Llegamos listos a descubrir un poco de esta belleza del artesano superior. Grandeza de la Pacha...